16 de abril
beatriz
audio 1
Holi, gor,
Sé que te hablo todo el tiempo. Creo que lo hago, pero nunca tengo el 100% de certeza de que me escuches. He estado estudiando, escribiendo, cantando y bailando contigo, sobre lo que significa la muerte, sobre lo que queda dentro de mí sin ti aquí, sobre el sentimiento de recrear momentos que eran tan nuestros. Y de cualquier manera, esta es una forma más de acceder a ti. Formas parte de mis respiraciones, de las letras que escribo, de los trazos que dibujo, de las notas bajitas en las que canto ese estribillo que solíamos gritar, en la manera en que miro al cielo creyendo que ya nunca brillará igual, pero que sonrío como sé que tú lo harías. Entablo conversaciones con personas aleatorias solo para ver si consigo que aparezcan tus hoyuelos.
Echo de menos a la persona que era antes de perder la parte más importante de mí. Te echo de menos más que cualquier tonelada pueda pesar, más que la nada que llena el vacío. Y lo peor de todo es que sospecho que esas lágrimas que caen por mi cara fluyen de una fuente, y que en otros rostros resbalan las mismas lágrimas, en otros horarios, en otros años, en otras estaciones del año, en otros husos horarios. Que las personas que caminan por la calle y hacen su rutina también pueden tener una parte faltante. He creado esto aquí para que puedas escucharme, y espero que esas personas también puedan ser escuchadas por sus muertos. Sé lo que sienten: estar incompletos, cargar con lo que falta.
Tantas cosas te he dicho desde que te fuiste, y aun así parece que he conseguido alargar más de la cuenta este audio. Corro todos los días contra el olvido, no acepto olvidar tu voz, ni las modulaciones que hacías en broma, tu manera tan expresiva de gesticular, de golpear y contar, cómo tus pupilas eran graciosas porque eran diminutas, tu forma de tocar la batería invisible y cómo aún la imito por aquí, aunque tú parecías un profesional y yo parecía tener una avería en el sistema motor, descoordinada y torpe. Nosotros riéndonos. Ay, qué nostalgia de tu carcajada con el cuerpo echado hacia atrás y el hombro en alto. En fin, solo quería decirte ahora y para siempre: tú, mi hermano, gracias por tanto. Te quiero muchísimo.
Sé que te hablo todo el tiempo. Creo que lo hago, pero nunca tengo el 100% de certeza de que me escuches. He estado estudiando, escribiendo, cantando y bailando contigo, sobre lo que significa la muerte, sobre lo que queda dentro de mí sin ti aquí, sobre el sentimiento de recrear momentos que eran tan nuestros. Y de cualquier manera, esta es una forma más de acceder a ti. Formas parte de mis respiraciones, de las letras que escribo, de los trazos que dibujo, de las notas bajitas en las que canto ese estribillo que solíamos gritar, en la manera en que miro al cielo creyendo que ya nunca brillará igual, pero que sonrío como sé que tú lo harías. Entablo conversaciones con personas aleatorias solo para ver si consigo que aparezcan tus hoyuelos.
Echo de menos a la persona que era antes de perder la parte más importante de mí. Te echo de menos más que cualquier tonelada pueda pesar, más que la nada que llena el vacío. Y lo peor de todo es que sospecho que esas lágrimas que caen por mi cara fluyen de una fuente, y que en otros rostros resbalan las mismas lágrimas, en otros horarios, en otros años, en otras estaciones del año, en otros husos horarios. Que las personas que caminan por la calle y hacen su rutina también pueden tener una parte faltante. He creado esto aquí para que puedas escucharme, y espero que esas personas también puedan ser escuchadas por sus muertos. Sé lo que sienten: estar incompletos, cargar con lo que falta.
Tantas cosas te he dicho desde que te fuiste, y aun así parece que he conseguido alargar más de la cuenta este audio. Corro todos los días contra el olvido, no acepto olvidar tu voz, ni las modulaciones que hacías en broma, tu manera tan expresiva de gesticular, de golpear y contar, cómo tus pupilas eran graciosas porque eran diminutas, tu forma de tocar la batería invisible y cómo aún la imito por aquí, aunque tú parecías un profesional y yo parecía tener una avería en el sistema motor, descoordinada y torpe. Nosotros riéndonos. Ay, qué nostalgia de tu carcajada con el cuerpo echado hacia atrás y el hombro en alto. En fin, solo quería decirte ahora y para siempre: tú, mi hermano, gracias por tanto. Te quiero muchísimo.